La apuesta más osada ocurrió en un salón de Póker de la ciudad de Santa Fe, Nuevo México. Fue en el año 1889, mientras dos hombres jugaban al Póker sin límites. Uno de estos hombres era Ike Jackson, uno de los más ricos rancheros del Oeste de Norteamérica. Otro de poker los jugadores era Jhony Dougherty, un famoso y antiguo apostador. Entre las cien personas que presenciaban esta partida de póker se encontraba el por entonces Gobernador de Nuevo México, L. Bradford Prince. Ante esta numerosa audiencia Jackson y Dougherty se predisponían a llevar a cabo un juego que durara horas.
Dan comienzo al juego y cuando el monto acumulado por la apuesta llegaba a los U$S 100.000 (cifra aproximada), Jackson escribe una nota en la que apostaba su rancho y 10.000 cabezas de ganado que allí habían. Un de las más fuertes apuestas hechas hasta el momento en un juego de póker.
Dougherty con velocidad y en silencio, agarró papel y pluma y escribió una breve línea. Se levantó rápidamente de su silla, caminó hacia donde se encontraba el gobernador, sacó su arma y mientra le apuntaba directo a la cabeza, le dijo “¡Firme esto o disparo!”, entregándole la nota que terminaba de escribir. El gobernador firmó sin vacilar ante la mirada atónita de los demás presentes que habían ido a observar una simple partida de póker. Dougherty volvió a sentarse poker en la mesa y colocó el papel firmado en el pozo de la apuesta. Jackson, su contrincante, agarró el papel, lo leyó, maldijo y volvió a depositarlo en el pozo.
La nota decía: “Subo la apuesta. Apuesto todo el territorio del Estado de Nuevo México”


